Un recién nacido con 25 minutos de parada cardio-respiratoria. Pronóstico: ceguera, mutismo, sordera y tetraplejía espástica. Hoy tiene 9 años, va al colegio y hace deporte. Este es uno de los casos más documentados del Centro Sanitario Foltra.
Antes de llegar a Foltra
A los 15 días del parto, el niño sufrió una Vasa previa —una complicación obstétrica grave— que le provocó una hemorragia masiva y 25 minutos de parada cardio-respiratoria tras la cesárea de emergencia. El electroencefalograma (EEG) era plano. Los potenciales evocados visuales (PEVs), ausentes. Tras una reanimación intensa, aparecieron algunas señales eléctricas en el EEG, lo que frenó la desconexión que ya estaba prevista.
La resonancia magnética cerebral (RM) mostró un daño extenso: encefalopatía multiquística. El pronóstico médico fue claro y contundente: ceguera, mutismo, sordera y tetraplejía espástica. En esas condiciones, el niño ingresó en el Centro Sanitario Foltra.
El tratamiento en Foltra
El equipo médico de Foltra inició un tratamiento médico y rehabilitador adaptado al daño cerebral perinatal severo, abordando simultáneamente la función neurológica, motora y sensorial del niño. El tratamiento se desarrolló a lo largo del primer año de vida, con seguimiento continuado.
El abordaje en Foltra parte de una premisa que contradice el pronóstico convencional: el cerebro en desarrollo —especialmente en los primeros años de vida— conserva una plasticidad excepcional. Con el estímulo adecuado y la intensidad correcta, estructuras dañadas pueden reorganizarse y recuperar función. No siempre. No en todos los casos. Pero la posibilidad existe, y merece ser explorada.
El resultado
Al año de tratamiento, se repitió la RM cerebral. La misma radióloga que había emitido el diagnóstico inicial firmó un certificado en el que constataba que «no se puede entender la normalización cerebral y la desaparición de las cavidades quísticas». El daño estructural que mostraba la primera resonancia había desaparecido.
A los dos años, el niño andaba, hablaba y jugaba. Hoy, con 9 años, lleva una vida plenamente normal: está escolarizado, practica deporte y no presenta las secuelas que el pronóstico daba por inevitables. El caso ha sido publicado en literatura médica.
¿Qué significa esto para las familias?
Este caso no es una excepción milagrosa: es el resultado de aplicar de forma intensiva y sistemática lo que la neurociencia ya conoce sobre la parálisis cerebral y el daño cerebral perinatal. La plasticidad neurológica en la infancia es real y documentada. El sistema sanitario convencional, sin embargo, a menudo no dispone del tiempo, la intensidad ni el protocolo para aprovecharla.
Si tu hijo o hija ha recibido un diagnóstico de daño cerebral perinatal, parálisis cerebral u otra afectación neurológica severa, y te han dicho que el margen de recuperación es mínimo, este caso merece que lo conozcas. No para crear falsas expectativas, sino para entender que la evaluación individualizada puede abrir puertas que el pronóstico estándar cierra.
