Proyecto FOLTRA

Hace 16 años...


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Viernes 27 de Octubre de 2017 17:54

 Hace 16 años...

 

Eran las 10 de la noche de un día de septiembre del año 2000, más o menos; estaba paseando por Salamanca con un grupo de colegas tras haber impartido una conferencia en el Congreso Hispano-Argentino de Ciencias Médicas, en el Aula Unamuno, y de pronto una idea me vino a la cabeza. Era como si el aula cargada de historia científica o de las propias ideas del casi siempre brillante pensador que había dado su nombre a aquélla aula o la propia ciudad tan llena de historia del conocimiento, me hubiesen revelado un secreto increíble aún no conocido. La idea, surgida en aquel paseo nocturno, no paró de darme vueltas en la cabeza no solo en aquella noche, si no en los días y meses siguientes. Por aquel entonces, en mi grupo de investigación del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de Santiago, estábamos metidos de lleno en descifrar los mecanismos de acción de la Miostatina, una hormona recién descubierta, que fue objeto de numerosas pioneras publicaciones de nuestro grupo entre las que se incluía el manejo de ratas genéticamente modificadas. Es decir, sabía en qué estaba pensando, porque aunque no en esa línea, trabajábamos a nivel genético y celular, en ratas.

Durante meses le dí vueltas a aquella idea hasta que fue tomando forma, hasta el punto de que se diseñó todo un sistema, incluída arquitectura y medios para darle forma, y cuando la tuve perfectamente desarrollada, desde un punto de vista técnico, económico y de planos del edificio solicité una audiencia con el Presidente de la Xunta de Galicia de aquél entonces, Don Manuel Fraga, para exponérsela y ofrecérsela a Galicia. La verdad no tenía muchas esperanzas en la audiencia, pues aunque el Presidente Fraga era una persona sumamente inteligente, sus audiencias a particulares, cuando se concedían, eran muy cortas, cinco-diez minutos, tiempo claramente insuficiente para que todo lo que quería exponer fuese bien captado. Pero, para mi sorpresa, el Presidente Fraga me concedió la audiencia solicitada, me recibió puntualmente, como siempre lo hacía, y a mi entrada en su despacho me pidió que me sentase en un gran sofá, mientras él lo hizo en una silla frente a mí, separados tan solo por una espléndida mesa rectangular. "Dígame"..., y entonces empecé a exponerle mi idea. Para abreviar, aquella chrla duró no 5-10 minutos, si no más de una hora. Me preguntó, con gran inteligencia, acerca de todo tipo de detalles, le mostré los planos, el estudio económico, las bases fisiológicas... en fin todo. Se mostró tan interesado que finalizada la audiencia me dijo que se pondría en contacto conmigo el Conselleiro de Sanidad, Dr. Hernández-Cochón. Estábamos en el año 2001. Efectivamente, el Conselleiro me llamó, de nuevo estuvimos reunidos, largamente, y al finalizar me dijo que contactaría conmigo el que creo recordar era Secretario General de la Consellería, el Dr. Francisco Alvarez Rois, ex-alumno mío, para concretar detalles. Efectivamente así fue. Pero pasó el tiempo y siguió pasando y todo fue quedando en el aire. ¿La razón?, pues la conocí tiempo después. Lo que yo en aquel momento proponía se suponía que iba contra la Ley vigente respecto a la utilización de células madre, aunque realmente no era así. Esa Ley decía que las células madre no podían ser de uso particular si no general, algo en lo que estaba y estoy de acuerdo, pero que no tenía nada que ver con lo que en aquel entonces yo estaba planteando.

¿Y qué era lo que yo planteaba?.

Pues algo muy sencillo, que hoy es una realidad, pero el tiempo ya ha pasado para los que no han tenido esa posibilidad. Dieciséis años perdidos para muchos, muchísimos.

Es evidente que lo que en 2001 planteé y en 2002 registré en Propiedad Intelectual, se ha modificado con los años y el conocimiento, pero era real, como el tiempo está demostrando. 

¿Qué es lo que en 2001 proponía?. Pues la creación de un Instituto Gallego de Células Madre, al que cualquiera podrá recurrir si lo desease y lo precisase. La idea era la siguiente: imaginemos un sujeto normal de 30-50 años, que en un determinado momento piensa en que en un futuro puede padecer un ictus, o un infarto, o un traumatismo cráneo-encefálico, o una enfermedad degenerativa... a la vista de ese futuro incierto, del que ninguno estamos libres, decide que va a almacenar sus células madre para recurrir a ellas si en algún momento lo precisase. ¿De dónde extraerlas?. Hoy sabemos que de múltiples sitios, con capacidad pluripotencial, por ejemplo las células mesenquimales de la médula ósea, o de la grasa, por ser las más utilizadas. Se extraen esas células, en cantidades limitadas, al sujeto se le proporciona un código (por ejemplo, sujeto AHC, código 123456H) y sus células madre tras ser extraídas y aisladas en el Instituto, se hacen proliferar hasta un número apropiado. Alcanzado éste, se congelan a -180ºC y se almacenan en tanques de N2 líquido hasta su utilización (si fuese necesaria).

Seis años después de esa extracción y almacenamiento, el sujeto AHC sufre un ictus isquémico, por ejemplo. Inmediatamente y mientras se procede a la fibrinolisis, desde el Hospital de referencia donde está siendo atendido, se telefonea al Instituto de Células Madre y se facilita el nombre y código del paciente. Una rápida búsqueda en ordenador del Instituto localiza en qué tanque de N2 están almacenadas las células madre proliferadas de ese paciente. En un máximo de 4 horas y tras una descongelación lenta, el paciente dispondría de un número suficiente de células madre propias (que no van a producir rechazo) para ser infundidas. Asunto resuelto.

¿De verdad resuelto?, pues así lo parece. En 2016 un grupo inglés realizó una infusión de células madre propias, extraídas tras el ictus, a seis pacientes con ictus isquémico de la arteria cerebral media. La infusión la realizaron a los seis días del ictus, tiempo necesario para extraer, purificar y producir un cierto grado de proliferación de esas células madre, pero pese al tiempo transcurrido (en una patología de gran mortalidad o importantísimas secuelas), cinco de los seis pacientes no presentaban secuelas significativas a los seis meses del ictus. ¿Cuál es la razón?, pues que las células madre pluripotenciales se diferencian a distintos tipos celulares dependiendo del medio en el que se encuentren (cerebro, músculo, corazón...) y lo que hacen es liberar gran cantidad de factores neurotróficos (en el cerebro por ejemplo) que evitan la muerte neuronal y protegen a las neuronas. 

¿Fantasía o realidad?. Pues más bien lo último. De hecho, en 2017 (16 años después de nuestra propuesta), en una serie de Hospitales europeos y españoles han comenzado ensayos clínicos para administrar lo más precozmente posible células madre autólogas (del propio paciente) obtenidas de la grasa, a pacientes con ictus. ¿Cuál es la diferencia?. Tiempo y número. Cuanto mayor sea el número de células madre (1 millón/kg de peso) a infundir, mayor va a ser su eficacia. Pero para conseguir un número elevado se necesita tiempo en laboratorio, alrededor de un mes para alcanzar esas cifras. Por ello, el tiempo para la administración se reduce a 3-6 días, cuando el número aún es pequeño y a lo mejor ya es tarde. Por ello seguimos creyendo en aquella idea desarrollada en plano y registrada en 2002, presentada en 2001 al Presidente Fraga, ya que además no contraviene la Ley Nacional de Transplantes. Un sujeto puede requerir la extracción, privada, de sus células madre, una, dos, tres o diez veces, y si en algún momento esas células madre se precisasen para un transplante de médula, por ejemplo, no habría problema en realizar una nueva extracción.

¿Estamos en condiciones de hacerlo?. Sí, y tenemos la cualificación necesaria, para ello realizamos un Master Internacional en 2014, de dos años de duración, que finalizamos con el Título y con la calificación de Sobresaliente.

A continuación sigue el certificado de Registro en Propiedad Intelectual en 2002.

Instituto Gallego de Células Madres

Jesús Devesa

Qualified Deputy in Manufacturing Advanced Products 

 

 

 

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